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Archivos Mensuales: septiembre 2012

Manuela Carrasco

Gitana de raza brava,

diosa del baile es.

La armonía de sus brazos

expresa lo universal de su saber.

 

El azabache de su pelo

se hace un mar de olas

cuando su cuerpo revolotea

al compás de la copla.

 

Fuerza, arte y casta

tiene en sus pies,

cuando por soleá

baila, esta mujer.

 

Baile lo que baile

todo lo hace bien,

como genia que es,

en el ritmo y en la esencia

del arte de los calé.

 

Aunque Triana fue su cuna,

ya perteneces al mágico mundo

de los que hicieron arte

con sus brazos y sus pies.

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Publicado por en 4 de septiembre de 2012 en Rima y compás

 

Manuela Carrasco, con “Raíces de Ébano”, algo más que baile.

Anoche, en el patio de la montería de los Reales  Alcázares de Sevilla, con categoría de inauguración, se inició la décimo séptima edición de la Bienal Flamenca de 2012, donde la genial, que no maestra, Manuela Carrasco, pues su baile es algo congénito, es decir, heredado, ya sea por casta o vecindad, que no se puede enseñar en una academia, puso toda su belleza estética y fuerza al compás de los  cantaores de solera que la acompañaron en su actuación.

Comenzó el espectáculo con el quejío de un martinete cantado por Juan Villar,  quien luego siguió por seguirilla los compases taconeado de Manuela Carrasco, quien, como siempre, elevó el listón del baile. Siguiéndole después el cante de “El Extremeño”,  en cuyo momento destacaron los fandangos de Huelva, ejecutados por el trío femenino compuesto por Samara Carrasco, Inma La Carbonera y Toñi Fernández. Luego El Pele, quien con un desgarrador cante por cantiñas  acompañó a la protagonista de la noche, elevando la temperatura entusiasta del público. En ese momento me vino a la memoria lo que en cierta ocasión el cantaor dijo: “Al paso que vamos, del flamenco no va a quedar más que la peineta y el sombrero de ala ancha.

Por último, intervino el cantaor Pansequito, quien con su magistral jondura, inició su participación cantando por caña, luego la acompañó por romance, y por último, como no podía de ser de otro modo, lo hizo por soleá, dejando, una vez más patente, su, aún, extraordinario valor artístico como cantaor.

En general, fue una verdadera puesta en escena de la capacidad de convocatoria que aun tiene el flamenco, en el más sentido estricto de la palabra, sin necesidad de artificios ajenos a él, como puede ser la tragedia griega, pues salvo el vestuario y la grada donde colocaron a los guitarristas, con la buena  intención de la dirección por situar al espectador, allí solo había un grupo de buenos flamencos, cantando, bailando y tocando, como siempre, pues la Antígona, la Ariadna, la Helena y la Medea, solo estaban, creo yo, en la mente de algunos de espectadores. De todos modos bienvenido sea, si así es como podemos tener la oportunidad de seguir admirando la grandeza de este arte, aunque muchos nos lo quieran cambiar.

 
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Publicado por en 4 de septiembre de 2012 en Ecos de ayer y de hoy