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EL CANTE FLAMENCO NO ES IMITACIÓN

15 Ago

El flamenco desde sus inicios fue un arte de carácter individual y hermético, de estrecha vinculación a una etnia determinada, de ahí que el andaluz medio nunca lo consideró como un fenómeno musical, como consecuencia de su minoritaria y clandestina gestación, y sólo, una vez superada su alianza con determinadas fuentes folklóricas, alcanzó la dispensada acogida como parte del alma andaluza.

Dada su mísera cuna, el cantaor, en sus inicios, solo recuerda y reproduce algún episodio de su vida, convirtiendo el cante en una fórmula purificadora, mediante las palabras, libertad, preso, madre, nadie, vida y muerte, como seudónimo de una crónica particular de un pueblo.

Pero el tiempo transcurre, y la situación del cantaor ya no es la misma, pues su realidad ha sido rebasada por lógicas modificaciones, que hacen que el cante se convierta en unas repeticiones de los argumentos reajustados por sus nuevos intérpretes, que han dejado de ser autores para pasar a ser profesionales.

Tal como sostiene el maestro Caballero Bonald en su libro “Luces y sombras del flamenco”, la demanda del consumo ha clausurado de una manera u otra todo lo viejo, aunque gracias a determinadas familias, se ha conseguido amortiguar esta renovación, manteniendo una soterrada adhesión a su propia supervivencia emocional, de ahí que cantaores como Manuel Torre, La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Antonio Mairena e incluso José Monje Camarón, hayan tenidos seguidores, pero nunca imitadores, pues no existe la posibilidad de que un cantaor, hoy, pueda reproducir, ni los argumentos, ni los objetivos emocionales que cada uno de ello han impregnado en su modo de cantar.

Por lo tanto, el cantaor de hoy, al igual que el de ayer, debe de realizar su cante sin recurrir a procesos miméticos y rutinarios, falseados mediante la mezcla de letras y vagas imitaciones de aquellos que tanto dieron al cante.

El flamenco, aún hoy como espectáculo, tiene mucho de ceremonia, de rito, cuyas claves exigen una iniciación mediante la práctica de un aprendizaje que no se puede pagar, si no se tiene determinadas facultades, pues no solo de voz precisa el cante, pues como decían los viejos maestros, el flamenco es sentimiento, pasión, susurro a media voz, improvisación, es decir, ARTE.

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Publicado por en 15 de agosto de 2015 en ¡Al liquindoi!

 

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